Barcelolna 22 de Septiembre

 Se acabó, ya estamos en casa. Haciendo inventario os puedo decir que ha sido un viaje que nos ha sorprendido, no se que esperábamos de Uzbekistán pero en cualquier caso ha sido superado.

Repasando lo escrito veo que no hemos hablado de nuestra experiencia en la Yurta.

Si, hemos pasado una noche en un campamento de Yurtas, la verdad es que hemos dormido muy bien, nuestra Yurta disponía de colchón y nórdico, todo un lujo aunque realmente no tenía nada mas.

No había teléfono ni conexión, por lo menos con nuestra operadora y por lo visto casi ninguna y eso que había una antena de telefonía.

Había un enchufe en la habitación para poder cargar lo que quisieras.

Era como un camping pero con camellos, sin piscina y con pocas sombras, en medio de un desierto o secarral como prefieras llamarlo. Llegamos después de comer/merendar/cenar.

Vimos el atardecer aunque poco, porque estaba nublado, pero no importa, el silencio y la sensación de estar en medio de ninguna parte era suficiente.

Era como un camping pero con dos baños y dos duchas que por cierto nadie usaba vamos, que estaban un poco de lujo.

La dueña corría de un sitio para otro preparando comida ordenando Yurtas, es como un torbellino habla mucho y muy rápido, lamentablemente solo en uzbeko y ruso aunque he de decir que se hacía entender a la perfección:

 Estas bien? comer más, descansaste bien?.

Con su mezcla de uzbeko, ruso y lo que parecía un ingles rudimentario estaba muy encima de los clientes y hacía trabajar a todo el mundo.

Pensándolo bien lo más parecido que he visto al campamento de Yurtas no es un camping si no el Cortijo de mi Tía Esperanza.

Porque estaba lleno de cosas de esas que se usaron en algún momento, dejaron de usarse y acabaron en medio de nada. Una puerta, un bidón, una cuerda, un camión viejo (muy viejo) unos baños, todo quedaba desfasado, abandonado pero nadie lo retira, lo dicho el cortijo de mi tía.

Además de la dueña había una pareja con un bebé y otro hombre, no se si estaban relacionados entre ellos, supongo que si, porque en un sitio tan aislado lo normal es que sean familia, al atardecer uno de ellos se dedicó a guardar los camellos, que estaban "pastando" por decir algo, por la zona y darles de comer, porque ni mil años que estuviesen comiendo por el secarral se quitarían el hambre. Extrañamente hay agua, parece que hay agua abundante por la zona pero yo no la he visto.

En el campamento había 2 parejas más y un grupo de Italianos que llegaron al anochecer y se fueron después de desayunar, venían en autobús y no eran especialmente respetuosos con la gente que esta allí por el silencio y la paz.

Nosotros no cenamos con ellos, comimos un poco de fruta que habíamos llevado y a dormir. Por la mañana desayunamos en la Yurta común, al estilo uzbeko y árabe. En el suelo con una mesa de un palmo de altura.

Es muy molesto la verdad ellos comen medio tumbados y si es en sus mesas, tumbados del todo porque son para 4 y son grandes:


Como podéis ver tienes que comer descalzo y medio tumbado o con las piernas debajo de la mesa, a ellos les encanta supongo que te acostumbras a todo.

Por cierto que aquí nunca te ponen cuchillo en la mesa, de hecho en algunos sitios ni tenedor, aquí se come todo con la cuchara. 

Por eso en las comidas no hay grandes trozos, todo lo que hay puede comerse sin cortar o se puede cortar con una cuchara un poco como la comida japonesa, salvando las distancias. Y lo he dicho pero lo repito, se come muy bien.

Y ahora que estamos en casa, empezamos ha extrañar Uzbekistán.

Cuando salgo a la calle y veo tantas marcas de coches y de tantos colores lo veo raro.

Otra cosa que me pasa cuando vuelvo de un viaje es que me da la sensación de perder intimidad. Quiero decir que cuando estamos de viaje y hablamos entre nosotros lo hacemos sin pensar que la gente alrededor no nos entiende y nosotros no entendemos a la gente que nos rodea, con lo que las conversaciones se convierten en un murmullo de fondo. 

Pero de eso te das cuenta en un casa cuando oyes todas las conversaciones, retazos de frases o conversaciones completas y te das cuenta que no tienes intimidad todos pueden entender lo que hablas, igual es un poco raro lo que digo pero os aseguro que los primeros días me siento un poco así.

Lo de los coches es curioso, 3 semanas rodeados de Chevrolet blancos y de repente todo tipo de coches y múltiples colores. Nadie me ha dado una explicación convincente de porque el 95% de los Chevrolet son blancos. Que si el calor, que si los impuestos (esto aún lo entendería) pero el caso es que si señalas un coche al azar seguro que es un Chevrolet de color blanco.

Y lo de los dientes es de órdago, mi intriga es si se cambian los suyos por dientes de oro o son simplemente fundas doradas, pero la gente mayor tienen en alguna medida dientes de oro, los hay que los tienen todos y otros unas pocas piezas pero dientes dorados tienen. Los que tienen todos los dientes de oro dan un poco de grima la verdad, por lo menos a mi.

En resumen os recomiendo este viaje, si lo que quieres es conocer otra cultura otra gente y otra forma de ver las cosas, para el resto mejor Menorca, en serio es preciosa y me encanta, son formas diferentes de hacer vacaciones.

La gente es extremadamente amable, los más jóvenes intentan practicar su ingles con los extranjeros y los mayores intentan ayudarte y hacerse fotos contigo. Un pueblo encantador muy acogedor.








E

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